
La idea de usar tránsitos para descubrir planetas surgió a mediados del siglo XX, pero la verdadera revolución la provocó el telescopio Kepler, lanzado en 2009. Su director científico, William Borucki, luchó durante décadas por este proyecto y, finalmente, descubrió miles de mundos.
Imagina la curva de luz de una estrella, un gráfico como un electrocardiograma. Cuando un planeta eclipsa la estrella, aparece una 'depresión' en la gráfica. La profundidad de la depresión indica el tamaño del planeta, y el tiempo entre depresiones indica la rapidez con que orbita. Fotómetros sensibles registran cambios de brillo de décimas de porcentaje.