En películas superconductoras con estructura granular, los vórtices se convierten en interruptores cuánticos, como diminutos columpios que se pueden empujar de una posición a otra. Los científicos aprendieron a controlarlos y medir su estado sin perturbarlo. Estos vórtices 'vivos' conservan propiedades cuánticas durante casi un milisegundo. ¿Quizás se conviertan en los caballos de batalla de las computadoras cuánticas del futuro?
Los vórtices magnéticos en los superconductores, como remolinos en el agua, normalmente disipan energía y desaparecen rápidamente debido a la fricción interna — disipación. Esto impide su uso en chips cuánticos. Pero en una película de diminutos granos de aluminio, el vórtice se atasca y se asemeja a un remolino en un pozo estrecho — gira en una dirección o en la otra. La naturaleza cuántica le permite girar en ambas direcciones al mismo tiempo, hasta que se realiza una medición. Esta vida dual dura milisegundos — increíblemente largo para el micromundo. Los científicos han aprendido a cambiar el sentido de los vórtices con pulsos de microondas (espectroscopia) y a leer su estado sin pérdidas. Cada vórtice lleva exactamente un cuanto de flujo magnético — una milmillonésima parte del campo terrestre. La idea de Alexei Kitaev de usar estas estructuras para computación cuántica tolerante a fallos ha recibido confirmación directa.
🎯 Cada uno de estos vórtices lleva tan solo un cuanto de flujo magnético — aproximadamente una milmillonésima parte del campo magnético de la Tierra.