Unos científicos han creado un análogo cuántico del modelo depredador-presa (como zorros y conejos) en un conjunto de átomos de Rydberg. A escalas de tiempo microscópicas, las excitaciones atómicas hacen el papel de depredadores y presas, mostrando ciclos estables. Esto allana el camino para simular ecosistemas en laboratorios cuánticos. ¿Podrían surgir otros ritmos ecológicos en las «selvas» atómicas?
En la naturaleza todo es cíclico: se multiplican las liebres, prosperan los zorros, se acaban las liebres, los zorros mueren, y el ciclo se repite. Este modelo de «depredador-presa» se inventó hace un siglo y funciona en todas partes: desde la química hasta la economía. Los físicos llevaron esta trama al escenario atómico. Construyeron una red de átomos de hidrógeno y los inflaron hasta tamaños gigantescos, llevándolos al estado de Rydberg, nombrado en honor a Johannes Rydberg. Estos átomos gigantes se detectan mutuamente a distancia y representan el mismo drama: unos estados se convierten en «depredadores», otros en «presas». Las leyes cuánticas no rompen, sino que refuerzan el ciclo. Surge un ritmo propio, resistente a interferencias. Los saltos cuánticos secundarios solo añaden una ligera ondulación que se suaviza si hay muchos átomos, como el ruido en una gran orquesta.
Así, los científicos dominan los efectos cuánticos fuera del equilibrio para los simuladores ultrarrápidos del futuro.
🎯 El modelo «depredador-presa» se aplica incluso a sistemas estelares para explicar las fluctuaciones en la cantidad de rayos cósmicos.
🎬 En la novela «Dune», la ecología del planeta desértico sigue ciclos que recuerdan al modelo de Lotka-Volterra.