El mosaico de Penrose, armado con dos tipos de baldosas, recubre el plano sin un patrón repetitivo — maravilla matemática descubierta por Roger Penrose, que ha obtenido una realización física en el mundo cuántico. Los investigadores modelaron una cadena de partículas que interactúan según una regla que recuerda los números de Fibonacci y la proporción áurea. Una ley caótica genera desorden en las distancias entre partículas, pero precisamente ese desorden se solidifica en un patrón armonioso: en el espectro de dispersión aparecen picos nítidos, señal de orden cristalino. Este «cuasicristal» es estable por sí mismo, sin soporte externo.
Pero se descubrió algo más. A cierta densidad, la sustancia se volvía dual: conservaba un armazón sólido, pero al mismo tiempo fluía sin la menor fricción, como el helio superfluido, pero manteniendo su forma. Este centauro cuántico, o fase cuasi-supersólida, amplía las fronteras de nuestra comprensión de la materia. Se podrá observar en experimentos con átomos de Rydberg ultrafríos, una idea que se remonta a Richard Feynman y sus simuladores cuánticos. Lo sorprendente es que el patrón, que los matemáticos alguna vez consideraron un mero juego mental, resulta natural para el caos cuántico: basta con «aderezar» la interacción con la proporción áurea.
🎯 Los cuasicristales en aleaciones fueron descubiertos en 1982 por Dan Shechtman, quien recibió el Premio Nobel. Hoy sus análogos cuánticos prometen ser la base de sensores ultrasensibles y computadoras cuánticas.
🎬 Un sólido que fluye sin fricción recuerda a la «luz sólida» de la ciencia ficción: materia que mantiene su forma pero puede fluir.