En el principio de los tiempos, diminutos agujeros negros se evaporaban, pero su calor encendía el plasma circundante. Se desataba una reacción en cadena: un agujero engendraba otro, y un frente de fuego se propagaba por el universo. Hoy solo queda el eco: ondas gravitacionales con una huella única. Podremos «oír» el aliento del universo recién nacido.
🎯 La expansión del universo actúa como un aguacero sobre un incendio forestal: en cuanto el plasma se vuelve demasiado tenue, la reacción en cadena se interrumpe, dejando en las ondas gravitacionales un silencio abrupto en las frecuencias bajas.
🎬 En la ciencia ficción, los objetos autorreplicantes —desde los replicadores hasta la «plaga gris»— suelen conducir a desastres. Aquí los agujeros negros se convierten en replicadores cósmicos, pero solo en el amanecer de los tiempos.