Imagina un cometa vagabundo de otro sistema estelar, que esconde bajo una capa de hielo un núcleo metálico. Este es 3I/ATLAS: al derretirse cerca del Sol, desencadena reacciones químicas únicas, creando una cola que no se encuentra en los cometas 'locales'. ¿Qué más nos contarán estos nómadas interestelares?
El segundo visitante interestelar, el cometa 3I/ATLAS, brilla de manera inusual debido a los granos de metal oxidado en su núcleo helado. A medida que se acerca al Sol, se comporta como una vieja lata de conserva arrojada al fuego: el calor derrite el hielo, el agua entra en contacto con el metal y comienza una corrosión violenta. En sus entrañas hay hielo de agua, compuestos carbonosos y polvo metálico, herencia de estrellas lejanas.
La corrosión pone en marcha una cadena química: a partir de gases simples nacen hidrocarburos complejos. Esta «sopa oxidada» hace que la envoltura brillante sea inusual. Al calentarse, el cometa emite géiseres de hielo, expulsando esta mezcla al espacio. Mediante espectroscopia (descomposición de la luz en colores) y fotometría (medición del brillo), los astrónomos descubrieron que la huella química del cometa reproduce la composición de meteoritos antiguos encontrados en los hielos de la Antártida.
Los viajeros interestelares son una rareza. Nos permiten asomarnos al pasado: cuerpos helados similares se esconden más allá de Neptuno y en la nube de Oort. El polvo cósmico, del que todo esto nació, aún está lleno de misterios químicos.
🎯 3I/ATLAS es apenas el segundo objeto interestelar confirmado después de Oumuamua, avistado en 2017.