Dos partículas pueden entrelazarse de tal modo que un empujón a una se siente instantáneamente en la otra, incluso si las separan galaxias.
Los físicos se preguntaron: ¿puede la propia gravedad, esa simple atracción mutua, crear semejante vínculo? Los experimentadores planean acercar dos diamantes microscópicos y comprobar si se entrelazan sin intermediarios.
Pero los cálculos muestran que la gravedad clásica es sorda a los efectos cuánticos. Los autores emplearon una teoría que combina la atracción newtoniana con la curvatura del espacio-tiempo, y confirmaron que la gravedad por sí sola no basta para generar entrelazamiento. Es como un director de orquesta sordo que intenta dirigir: sin un apuntador oculto, la sincronía es imposible.
Antes, los científicos esperaban que al capturar el entrelazamiento demostrarían la naturaleza cuántica de la gravedad. Ahora está claro: si ocurre el entrelazamiento, es porque ha intervenido algo más. Tal vez partículas de materia oscura o campos desconocidos. El experimento se convierte en una cacería no de gravedad cuántica, sino de algo aún más misterioso.
tal como lo escribieron los autores, en inglés arXiv:2511.19242
Once again, dispute has arisen over the interpretation of proposed quantum information theory experiments to probe the quantum nature of gravity by testing for gravitationally induced entanglement (GIE) between two spatially separated massive particles ([2] vs. [16, 17]; further contributions in [11, 13]). The confusion appears to reside in interpreting applications of a Hamiltonian formalism. But classical gravity cannot mediate entanglement on independent grounds. A Newton-Cartan analysis shows that if gravity is classical, a mediator, and entanglement is observed as an outcome of performing a GIE experiment, something other than gravity must have supplied the (virtual) force needed during the experiment to produce the effect.
El entrelazamiento es tan intenso que medir una partícula en una galaxia influiría teóricamente al instante en su compañera en otra, más rápido que la luz. Pero así no se puede transmitir información, pues violaría la relatividad.
En la novela 'Contacto' de Carl Sagan, los viajeros usan ondas gravitacionales para comunicarse a través de agujeros de gusano. Aquí, la propia gravedad se vuelve un campo de pruebas de la realidad cuántica, difuminando la frontera entre ficción y ciencia.