En el mundo de los átomos, cualquier perturbación externa puede convertir un orden armonioso en caos. Normalmente, las pérdidas de energía solo aumentan la entropía, la medida del desorden. Pero los físicos descubrieron lo contrario: a veces, las pérdidas ayudan al sistema a mantener la estabilidad.
Es como una danza compleja, donde los compañeros están tan estrechamente vinculados que una desviación aleatoria de uno es inmediatamente compensada por los demás. El efecto solo surge cuando los átomos interactúan fuertemente entre sí, como en el experimento con átomos de Rydberg gigantes (del tamaño de una bacteria), cuyos estados inusuales para el hidrógeno fueron descritos por primera vez por Johannes Rydberg. Mediante espectroscopia láser, los científicos observaron el «efecto de bloqueo»: si un átomo intentaba cambiar su estado, los vecinos se lo prohibían. Como resultado, el patrón colectivo se mantuvo muchas veces más de lo esperado.
Esta «ayuda mutua» abrirá el camino hacia computadoras cuánticas resistentes a las interferencias, ya que la frágil información cuántica estará protegida por la propia estructura del sistema.
Debido al efecto de bloqueo, los átomos no pueden 'equivocarse' individualmente: cualquier cambio requiere el consentimiento de todo el colectivo, como en un baile donde todos los compañeros están conectados.
Esto recuerda a una fantástica «armadura cuántica»: la información sobre el estado inicial se conserva incluso bajo los embates del caos, porque el propio sistema evita que se destruya.