Por primera vez se han implementado en la práctica las elecciones cuánticas: un protocolo donde el anonimato de los votantes está garantizado por las leyes de la física, y no por la palabra de honor. En el experimento, cuatro participantes votaron utilizando estados cuatripartitos de Greenberger-Horne-Zeilinger (GHZ), un tipo especial de entrelazamiento cuántico. La fidelidad en la preparación de estos estados fue de ≈89%, y las intenciones de los votantes se registraron con éxito en ≈87% de los casos. Es un paso hacia elecciones donde el secreto del voto es inquebrantable incluso para los organizadores.
En las elecciones siempre existe el riesgo de que alguien espíe tu boleta. Los físicos propusieron una solución: un voto anónimo protegido no por personas, sino por las leyes del universo.
Su «urna mágica» funciona con partículas de luz: fotones. Cuatro participantes operan sobre sus fotones, como si lanzaran bolas de colores a la urna, unidas por un hilo invisible: el entrelazamiento cuántico. Él oculta la elección: cualquiera que intente leer una bola romperá la conexión y destruirá el secreto. Cuatro partículas entrelazadas así forman un estado GHZ (por los nombres de sus creadores: Greenberger, Horne y el futuro premio Nobel Anton Zeilinger). El resultado se lee mediante fotometría, y la urna solo da la suma total de votos. El secreto se mantiene gracias a la velocidad de la luz y la entropía cuántica, una medida del caos que hace impredecible el resultado.
El experimento funcionó en el 87% de los casos, todavía es un prototipo de laboratorio. Pero hay un giro: es imposible hackear el sistema. La copia de un estado cuántico desconocido está prohibida por la naturaleza; no se trata de un código roto, es algo más profundo.
🎯 El estado GHZ fue ideado en 1989 por Daniel Greenberger, Michael Horne y Anton Zeilinger. El nombre se formó con las iniciales de sus apellidos.
🎬 El tema de las elecciones secretas con protección cuántica aparece en el ciberpunk: en «Snow Crash» de Stephenson, los personajes votan con claves criptográficas, pero solo la mecánica cuántica promete un secreto absoluto.