A 10 mil millones de años luz de nosotros, el telescopio James Webb detectó un agujero negro fugitivo: se precipita a través del gas a 954 km/s, como un avión supersónico. El agujero fue expulsado de su galaxia natal, posiblemente por el impulso de ondas gravitacionales. Su estela, de 200 mil años luz, brilla por el impacto. Estos hallazgos explican cómo los agujeros negros pueden viajar entre galaxias.
🎯 Los agujeros negros supermasivos pesan como millones de soles, pero una patada gravitacional puede acelerarlos hasta la velocidad de un proyectil de artillería. Un encuentro con un fugitivo así sería catastrófico para un sistema planetario: las órbitas se desintegrarían y los planetas saldrían disparados hacia la negra nada.
🎬 A diferencia del tranquilo agujero negro de «Interestelar», los gigantes reales a veces se convierten en proyectiles cósmicos, lanzados por una patada gravitacional en un viaje intergaláctico.