Para fusionar dos núcleos atómicos, hay que superar su feroz repulsión eléctrica, como juntar dos toros enfurecidos. En condiciones normales, solo ayuda una energía monstruosa, como en los núcleos estelares, donde Hans Bethe ya explicó la fusión en los años 30. Pero recientemente, los científicos encontraron una manera de hacer un "corral" de metal. Empaparon una fina lámina de paladio y titanio con deuterio y luego dirigieron allí núcleos lentos de deuterio. En el estrecho entrelazamiento de átomos metálicos, los electrones libres actúan como un calmante: apantallan la carga, debilitando la repulsión. Y así, los toros, sin tener cómo separarse, chocan y se fusionan en núcleos de helio.
Pero la mayor sorpresa estaba por llegar. Cuando la energía de los núcleos bombardeados se redujo a valores muy pequeños, las reglas de la física exigían que la reacción desapareciera. En cambio, la producción de fusión dejó de caer y se estabilizó en un nivel constante, como si los toros en el corral se encontraran independientemente de su ímpetu. Esta meseta rompe las ideas establecidas y ofrece a los físicos una plataforma funcional para estudiar la catálisis "material" de las reacciones nucleares. Quizás allane el camino hacia la energía termonuclear terrestre.
🎯 La probabilidad de fusión en la lámina resultó ser un trillón (10¹⁸) de veces mayor que para los mismos núcleos en el vacío. Es como si un grano de arena de repente se volviera del tamaño del Monte Everest.