Los investigadores emplearon un sensor cuántico basado en centros de nitrógeno-vacante en diamante para captar señales magnéticas extremadamente débiles de protones dentro de células vivas. El tiempo de relajación T₁ (la rapidez con que los espines nucleares regresan al equilibrio) resultó ser una característica fisicoquímica única que permitió distinguir dos líneas de células cancerosas sin ninguna tinción. Es como determinar la madurez de una fruta por su firmeza, sin dañarla. Este enfoque abre el camino hacia una clasificación no invasiva de células raras, algo crucial para la medicina personalizada y el diagnóstico.
Cada célula es un diapasón en miniatura. Un fuerte pulso magnético la hace "sonar", y la atenuación de ese sonido depende de lo que hay dentro: viscosidad, densidad, composición. Un diminuto diamante con un defecto en su estructura funciona como un micrófono ultrasensible, captando los ecos magnéticos de células individuales.
Tal defecto —una vacante de nitrógeno— es tan pequeño que en la punta de una aguja caben millones. Pero incluso un solo centro es capaz de registrar el campo magnético de apenas unos pocos protones.
Los investigadores probaron dos líneas de células cancerosas. Resultó que cada una tiene su propio tiempo de relajación de los núcleos de hidrógeno, como una huella digital: en las células más agresivas la señal se desvanece de manera diferente. Sin marcadores químicos ni colorantes, a menudo dañinos para las células, el sensor de carbono convierte las señales de las moléculas de agua en un claro cuadro diagnóstico.
Este enfoque no destructivo es un paso hacia los clasificadores celulares del futuro. Serán útiles para buscar células madre raras, diagnóstico personalizado y detección temprana de enfermedades.
🎯 En la punta de una aguja caben millones de defectos del diamante, pero incluso uno solo registra el campo magnético de apenas unos pocos protones.
🎬 La lectura magnética de los "pasaportes" celulares se asemeja al funcionamiento de un tricoder médico de la ciencia ficción.