Los estados GKP ideales (códigos de corrección de errores) no cambian bajo la acción de los estabilizadores, lo que permite detectar errores sin destruir la información. Se suele creer que cuanto más fuerte es esa invariancia, más cerca está el estado del ideal. Sin embargo, este trabajo demuestra lo contrario: el valor del estabilizador solo establece un límite superior para la fidelidad (medida de similitud con el ideal), pero no garantiza una alta similitud. Esto recuerda a la ingenua creencia de que un sonido fuerte es señal de buena música.
Los ordenadores cuánticos utilizan estados GKP, ideados por Alexei Kitaev, John Preskill y Daniel Gottesman. Su particularidad son las verificaciones-estabilizadores incorporadas que detectan errores. Durante mucho tiempo se creyó que una verificación exitosa garantizaba un estado casi perfecto. Por desgracia, es una ilusión.
Los estabilizadores se parecen a una verificación de pasaporte por silueta: coincide el contorno y crees que la persona es la misma. Pero detrás de los trazos generales puede esconderse cualquiera. Aquí ocurre igual: las mediciones de espectroscopia y fotometría (respuesta del sistema) solo muestran un límite superior de calidad. La similitud real con el ideal puede ser desastrosamente baja.
Este error ha costado caro: durante años los investigadores confiaron en una fiabilidad engañosa. Ahora está claro: se necesitan pruebas directas de precisión o análisis de entropía (medida del caos). Ironía del destino: precisamente estos estados «poco fiables» son la clave del internet cuántico del futuro.
🎯 Originalmente, los estados GKP se desarrollaron para la computación cuántica óptica, pero acabaron siendo el fundamento del concepto de internet cuántico.