Una molécula giratoria de tamaño nanométrico se comporta como un trompo cuántico: capta campos magnéticos débiles sin notar los fuertes. Gracias a su masividad, no se «desparrama» por mucho tiempo incluso dentro de una célula viva cálida. Esta brújula integrada podría explicar la magnetosensibilidad de los organismos y dar lugar a nuevos detectores.
🎯 Algunas aves, como los petirrojos, literalmente «ven» el campo magnético terrestre durante la migración gracias a efectos cuánticos en sus ojos.