Dos haces de luz, uno rojo y otro azul, entran en un anillo diminuto de nitruro de silicio. El anillo es más pequeño que el grosor de un cabello humano. A la entrada, ambos haces tienen el mismo brillo. Pero dentro del anillo, uno de ellos comienza a desplazar al otro, como en una disputa entre dos personas de igual fuerza, donde una de repente toma ventaja.
Esta es la primera vez que se observa una separación espontánea de colores en un microanillo. La luz modifica el material por el que atraviesa: un haz brillante estira ligeramente la red cristalina, y esta comienza a transmitir de manera diferente los distintos colores. Se genera un bucle: un color se intensifica, el otro se debilita. El umbral en el que esto comienza es de solo 19 milivatios, menos de lo que necesita un puntero láser.
Este comportamiento de la luz se asemeja al funcionamiento de una neurona: una señal débil no pasa, una fuerte sí, y entre ambas hay una transición gradual. Los científicos han demostrado que el anillo puede producir tres respuestas diferentes a la señal de entrada, como tres caracteres distintos. Esto significa que con estos anillos se podrían construir circuitos computacionales completos donde, en lugar de electricidad, fluya la luz.
La luz en el anillo elige por sí misma a qué color favorecer. Este capricho puede ser domesticado y puesto a trabajar para nosotros, como un río que elige su propio cauce y nosotros le instalamos un molino.
El umbral del efecto es de 19 milivatios. Es menos que la potencia de un puntero láser con el que se señala la pantalla durante una presentación.
En la serie 'Westworld', las redes neuronales controlan a los robots anfitriones. Aquí, la luz misma desempeña el papel de neurona, pero sin un solo transistor.