Cuanto más separadas estén las antenas, más finos serán los detalles que captan. Al combinar sus señales, los astrónomos convierten varios instrumentos en un solo telescopio del tamaño de la distancia entre ellos. Añadiendo a las antenas terrestres una lunar, obtenemos un ojo virtual de 384 000 km de diámetro. Es como mirar al cosmos con los ojos de un gigante cuyas pupilas están separadas por la distancia de la Tierra a la Luna.
La principal sorpresa es el anillo de fotones. Es un finísimo aro de luz generado por la extrema curvatura del espacio-tiempo. Para distinguirlo, se necesitarán además antenas flotando en el vacío entre la Tierra y la Luna. Entonces las sombras de los agujeros negros se volverán más nítidas y pondremos a prueba las leyes de la gravedad allí donde funcionan al límite.
🎯 La resolución angular de este sistema —0,7 microsegundos de arco— es comparable a poder distinguir una naranja dejada en la superficie de la Luna desde la Tierra.
🎬 Como en 'Interstellar', pero más preciso: el telescopio lunar promete mostrar las sombras de agujeros negros lejanos con una nitidez de película.