En el centro de casi toda galaxia grande se encuentra un agujero negro supermasivo. Atrae gas y polvo, y a su alrededor se forma un disco brillante. Pero el telescopio James Webb ha mirado más lejos, a una región donde la luz del agujero negro es más débil y, aun así, el polvo brilla.
Los astrónomos examinaron ocho galaxias. En cuatro de ellas, el polvo se extiende cientos de años luz desde el centro, como largos brazos. El polvo emite calor y, por su espectro, se puede conocer su temperatura. Resulta que el polvo está más caliente de lo que debería si solo lo calentara la luz del agujero negro. Incluso con la estimación más generosa, la luz no es suficiente.
Entonces, ¿qué calienta el polvo? Los científicos probaron la idea de las ondas de choque. Cuando el gas en una galaxia choca a gran velocidad, se comprime y se calienta, como el aire frente a un avión en vuelo. Estas ondas golpean los granos de polvo y los hacen brillar más. Los cálculos mostraron que ondas de choque a velocidades de 200–400 kilómetros por segundo pueden proporcionar el calor que falta.
Así que el polvo en los centros de las galaxias no es solo un grano pasivo calentado por el agujero negro. Siente los golpes de ondas invisibles. Y estos golpes pueden ser la principal fuente de su calor.
Los granos de polvo en el centro de una galaxia pueden estar más calientes que la superficie de Venus, el planeta más caliente del sistema solar.