Un ordenador cuántico se parece a una orquesta que solo toca en silencio absoluto. El más mínimo ruido y la frágil melodía se desmorona. Para los dispositivos cuánticos, ese ruido es el calor: incluso la débil radiación infrarroja de los componentes cercanos calienta los cúbits y borra sus estados cuánticos. Se necesita un filtro que deje pasar las señales de control pero que amortigüe los rayos térmicos.
Los científicos han propuesto un material de resina epoxi con diminutas esferas de zafiro incrustadas. Eligieron su tamaño de modo que las ondas infrarrojas, al entrar en la resina, se dispersen en las esferas como la luz de los faros de un coche en la niebla espesa. En cambio, las ondas de radio que controlan los cúbits atraviesan el filtro casi sin pérdidas, como el sonido a través de una pared delgada.
Probaron el filtro a una temperatura de unas milésimas de grado por encima del cero absoluto. Dejó pasar señales de hasta 10 gigahercios con una pérdida de menos de 0,4 decibelios, como si de cada cien fotones se perdiera solo uno. Y en cuanto a la radiación infrarroja, la atenuó tan bien como los filtros metálicos habituales. Este material es más fácil de fabricar y más barato, lo que acerca un poco más los dispositivos cuánticos a la vida cotidiana.
Una temperatura de unos pocos milikelvins es cien veces más fría que la de los rincones más oscuros del espacio.