Unos cientos de millones de años después del Big Bang, el universo era como un vasto océano oscuro, cubierto por una espesa niebla de hidrógeno neutro (no ionizado). Luego, algo disipó la bruma: la radiación ultravioleta arrancó electrones de los átomos, volviendo el gas transparente como agua limpia. A esta época se le llama
Durante mucho tiempo se pensó que los principales iluminadores eran las jóvenes galaxias, llenas de estrellas calientes. Pero un nuevo estudio otorga un papel central a los agujeros negros supermasivos — los núcleos activos de las galaxias. Los modelos actualizados mostraron que estos faros cósmicos emitían entre 3 y 4 veces más partículas ionizantes de luz de lo que se suponía. Con esto, su contribución al aclarado del universo alcanza el 20%, y eso sin contar los agujeros negros más tenues pero numerosos. Sorprendente: los objetos más oscuros del cosmos resultaron ser más brillantes que cientos de millones de soles.
🎯 La reionización duró unos 600 millones de años y fue desigual: como si faros se encendieran en distintos puntos del océano, disipando lentamente la niebla y dejando islotes oscuros de hidrógeno neutro.