Un trozo de cromo expuesto al aire se cubre en un minuto con una armadura invisible: una película de óxido. Esta protege al metal de la corrosión, pero para una batería es un problema: la película no deja pasar los iones de cromo y la corriente no fluye.
Los científicos mezclaron cinco metales: cromo, bismuto, cobre, estaño y níquel. El resultado fue una aleación en la que la oxidación no forma una armadura continua, sino un mosaico de distintos óxidos. En las uniones entre las piezas de ese mosaico aparecieron "puertas": los iones de cromo se cuelan por ellas como personas por los torniquetes del metro, mientras que el oxígeno se queda atascado. Algunas uniones dejan pasar el cromo, otras bloquean el oxígeno, y así la batería sigue viva.
La prueba fue exigente: la batería se cargó y descargó cinco mil veces seguidas, lo que equivale a diez mil horas. El voltaje apenas varió. Y cuando la aleación de cromo se combinó con un electrodo de azufre, se obtuvo una batería completa que también funcionó.
Ahora el cromo tiene la oportunidad de convertirse en la base de baterías baratas y de alta capacidad, sin litio ni cobalto.
La película de cromo es tan fina que no se ve a simple vista, pero protege el metal de forma fiable durante décadas; por eso se usa para recubrir piezas de maquinaria.