Los agujeros negros primordiales podrían generar un fondo de ondas gravitacionales que esperamos detectar con los detectores actualizados de LIGO-Virgo-KAGRA. Para entender qué fuente produjo este fondo, es importante estudiar el «ciclo de trabajo», un indicador de cuán caótica o continuamente se distribuyen las señales en el tiempo. Los autores calcularon este ciclo para una población realista de agujeros negros binarios de origen primordial, dividiendo la contribución en ruido de disparo, estallidos raros y un zumbido continuo. Resultó que el ciclo de trabajo depende fuertemente de la frecuencia, duración y amplitud de la señal, como huellas dactilares que revelan la naturaleza de la fuente. Esto abre camino a nuevas herramientas de análisis capaces de extraer secretos cosmológicos de los datos de ondas gravitacionales.
El ruido del tráfico es un buen informante. Los vehículos aislados suenan como señales individuales, mientras que el tráfico denso se funde en un zumbido uniforme. De igual manera, las fusiones de agujeros negros generan ya sea estallidos aislados o un fondo continuo de ondas gravitacionales.
Los astrofísicos usaron esta semejanza con el tráfico para, a partir del carácter del ruido, deducir qué tipo de agujeros negros lo producen. Muchas señales débiles superpuestas son un signo revelador de un enjambre de agujeros primordiales. Los estallidos raros y potentes apuntan a otros objetos. Es como si por el zumbido del tráfico distinguiéramos un flujo de camiones de una bandada de motocicletas. Aplicando este enfoque a modelos realistas, los científicos demostraron que incluso se pueden precisar los tamaños de estos agujeros y su abundancia en el universo.
La idea de los agujeros negros primordiales fue propuesta por Stephen Hawking, y los detectores modernos de ondas gravitacionales le deben mucho a Kip Thorne. Esta «escucha» del tráfico cósmico revelará detalles de la infancia del universo, pues estos agujeros guardan memoria del Big Bang.
🎯 Un [tag:black_hole]agujero negro primordial[/tag] puede tener el tamaño de un átomo pero pesar como una montaña.