Imagina que el Sol se adentra en una enorme nube de polvo y gas: nuestra burbuja protectora se comprime hasta la órbita de la Tierra y comienza una lluvia invisible de rayos cósmicos. En el aire se genera berilio radiactivo, que cae al océano y queda atrapado en los hielos. Las huellas de esta «ducha» se encontraron en rocas de hace 10 millones de años: no es la explosión de una supernova, sino un encuentro con una nube cósmica.
🎯 El berilio-10 es un cronómetro cósmico: su lenta desintegración guarda memoria de tormentas solares y encuentros con nubes durante decenas de millones de años.