Para reproducir las propiedades observadas de las galaxias en simulaciones cosmológicas, se requiere la retroalimentación de núcleos activos, pero las escalas temporales y energéticas de estos procesos están poco restringidas. A partir de una combinación de observaciones ópticas, infrarrojas, submilimétricas y de radio de la galaxia activa VV 340a con un jet de baja potencia, se detectó una precesión del jet con un período de (8.2±5.5)×10⁵ años, así como un flujo de gas con una velocidad de 19.4±7.9 masas solares por año. El jet calienta el gas mediante ondas de choque, formando plasma altamente ionizado que se extiende varios kiloparsecs desde el núcleo. El flujo saliente arrastra suficiente gas de la galaxia como para influir en la tasa de formación estelar.
En el centro de la galaxia VV 340a se esconde un agujero negro supermasivo. Expulsa un chorro de materia que no vuela en línea recta, sino que se balancea, como el eje de un trompo que pierde velocidad. Una rotación completa tarda unos 820 mil años. La razón: la materia que cae al agujero está enrollada de modo irregular y por eso gira a tirones.
Este remolino oscilante expulsa de la galaxia gas caliente — cada año escapan unas 19 masas solares. El hidrógeno que contiene está tan caliente que brilla, y gracias a ese brillo, el análisis espectral permite medir la velocidad del gas. Se ha descubierto que se aleja miles de años luz.
El gas barrido por el chorro es la materia prima para las estrellas. Sin él, la formación estelar se apaga. Así, un agujero relativamente modesto controla la vida de un enorme sistema estelar.
🎯 En un ciclo completo de balanceo, el chorro expulsa alrededor de 16 millones de masas solares, más que la masa de muchos cúmulos estelares globulares.