Los cristales de tiempo son una forma exótica de materia que rompe espontáneamente la simetría temporal: sus propiedades cambian periódicamente sin ninguna influencia externa. Pueden ser discretos (hacen tictac como un reloj) o continuos (oscilan suavemente). Los autores demostraron que, al unir dos cristales de este tipo, se obtiene un cristal de tiempo jerárquico: una fase con ruptura simultánea de dos simetrías temporales. Curiosamente, uno de los subsistemas sigue un nuevo ritmo que no estaba previsto inicialmente: surge por sí solo. Este orden complejo es estable bajo distintos tipos de acoplamiento y en un amplio rango de parámetros, como dos músicos que, sin ponerse de acuerdo, crean una polirritmia.
Los cristales de tiempo son materia que 'hace tic-tac' incluso en reposo, como relojes eternos, predichos por Frank Wilczek. En un nuevo experimento, los físicos acoplaron dos tipos: el discreto (ritmo rígido, como de metrónomo) y el continuo (tempo variable, como de un trompo). El resultado fue una jerarquía, parecida a una matrioska: el cristal continuo adoptó el ritmo del discreto y surgió una capa temporal adicional, no prevista inicialmente. Normalmente, el desorden (entropía) aumenta en los sistemas, pero aquí emergió un patrón espontáneamente, un principio familiar en el Modelo Estándar de la física y en el 'tic-tac' de los púlsares. Sorprende que bastaran solo cinco iones de iterbio a temperatura ultrabaja. Estos ritmos 'matrioska' prometen relojes ultraprecisos y memoria cuántica basada en átomos en oscilación perpetua.
🎯 El primer cristal de tiempo (2017) consistió en solo cinco iones de iterbio, enfriados casi al cero absoluto: un minúsculo conjunto que generó movimiento eterno.
🎬 En la novela «El fuego robado» de Hamilton, los cristales de tiempo sirven como fuente de energía para naves interestelares, y en «El ladrón cuántico» de Hannu Rajaniemi se usan como moneda y soporte de memoria.