Una gigante roja se parece a un globo que va soltando gas lentamente. La estrella se hincha, sus capas externas se debilitan y el viento estelar arrastra masa al espacio. Pero, ¿cuánto pierde exactamente? Es una pregunta importante: de la respuesta depende qué será su remanente: una enana blanca, una estrella de neutrones o un agujero negro.
Los astrónomos han encontrado la manera de medir la pérdida de masa sin seguir a la estrella durante siglos. En el interior estelar, durante la combustión, el carbono y el nitrógeno se mezclan, y su proporción en la superficie depende de la masa con la que nació la estrella. La pérdida de masa no altera esa proporción: es como una huella dactilar. Comparando las masas de estrellas con la misma 'huella' pero en distintas etapas de la vida, los científicos calcularon la pérdida neta de masa.
Esto significa que los antiguos modelos de evolución estelar necesitan calibración. Los autores proponen un nuevo ajuste de la fórmula, dependiente de la masa y la metalicidad. También en la muestra aparecieron 207 estrellas (3,33%) que se salen de la tendencia general: quizá sufrieron transferencia de materia desde una estrella compañera. Estos casos son importantes para estudiar la historia de nuestra Galaxia.
El descubrimiento recuerda que un globo que parece igual puede perder gas de manera distinta según de qué esté hecho y lo tenso que esté. Las gigantes rojas no son una excepción, y ahora tenemos una forma de medir su 'fuga' con mayor precisión.
Las gigantes rojas pueden perder hasta la mitad de su masa, pero el valor exacto depende de la composición de la estrella y de su masa inicial, y ahora se puede medir sin esperar al final de su vida.
En la novela 'Solaris' de Stanisław Lem, el océano-planeta se comporta como un organismo vivo que cambia su masa y su forma, casi como una gigante roja que pierde materia hacia el espacio.