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El experimento XENONnT ha batido el récord de lo esquiva que puede ser la materia oscura.
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La materia oscura es un pegamento invisible que mantiene unidas a las galaxias. Ya en los años 1930, Fritz Zwicky sospechó de su existencia, y en los 1970 Vera Rubin demostró que sin ella las estrellas se dispersarían. Esta sustancia apenas interactúa con la materia ordinaria: no emite luz y atraviesa los átomos como si fueran vacío.
El detector XENONnT es un lago de xenón líquido en una cueva italiana, protegido por una gruesa capa de roca. Cuando una partícula de materia oscura finalmente choca contra un núcleo, una ondulación eléctrica recorre el líquido, como la que produce un guijarro en un lago en calma. Durante 579 días, los físicos escrutaron esa superficie, trabajando a ciegas para no engañarse a sí mismos.
No se encontraron perturbaciones. Pero el silencio trazó un mapa de exclusiones: ahora sabemos qué interacciones definitivamente no tiene la materia oscura. El límite es tal que una partícula atravesaría miles de años luz de plomo sin una sola colisión. El experimento ha topado con la lluvia de neutrinos: pronto el fondo de los ubicuos neutrinos se confundirá con las ondulaciones, y la caza a ciegas se volverá imposible. Esto indica que el modelo estándar está incompleto, y que el próximo detector deberá distinguir una piedra de las gotas de lluvia.
Para evitar el autoengaño, los físicos trabajaron a ciegas: hasta el final del análisis no supieron en qué zona de los datos buscar señales. Este "análisis ciego" protege contra las coincidencias aleatorias.