Una computadora cuántica de iones atrapados hizo las veces de un pequeño universo. En él, las partículas no solo se movían, sino que se tejían en nudos que cambian sus propiedades al intercambiar posiciones. Estos nudos se llaman anyones de Fibonacci: no son partículas ordinarias, sino más bien vórtices en el tejido del espacio.
Los físicos querían ver cómo este universo alcanza el equilibrio térmico, como una taza de café que se enfría hasta la temperatura ambiente. Para ello, realizaron hasta 47 'permutaciones' consecutivas de los nudos. Cada permutación es como un movimiento en un juego complejo cuyas reglas están dictadas por una teoría de gauge no abeliana, la misma que describe las interacciones fuertes en los núcleos atómicos.
Este enfoque abre el camino para simular teorías de campo realistas en computadoras cuánticas. En lugar de modelos unidimensionales simplificados, ahora se puede abordar modelos bidimensionales y más complejos, donde el espacio ya se parece al nuestro.
Los anyones de Fibonacci son candidatos para la computación cuántica ultrasegura: la información no se almacena en la partícula, sino en cómo se entrelazan sus trayectorias.
La idea de partículas que recuerdan su historia de permutaciones recuerda a los 'cristales de tiempo' de la novela 'La escalera de Schild' de Greg Egan.