Las fusiones de objetos compactos (estrellas de neutrones o agujeros negros) generan estallidos de rayos gamma y ondas gravitacionales, pero la fase inicial de emisión de baja energía seguía prácticamente sin estudiarse. En el corto estallido de rayos gamma GRB 250704B (duración ~0,4 s), el telescopio Einstein Probe detectó un estallido de rayos X récord en duración (~560 s) y muy blando, inmediatamente posterior al evento gamma. Este componente se interpreta como una etapa especial de emisión inmediata en rayos X, antes no confirmada para los GRB cortos. El hallazgo muestra que la emisión prolongada y blanda de rayos X es probablemente un rasgo típico de las fusiones y un valioso indicador electromagnético de fuentes de ondas gravitacionales, abriendo nuevas perspectivas para las observaciones multi-mensajeras.
El telescopio espacial Einstein Probe registró una tormenta celestial: tras una breve (0,4 segundos) explosión de rayos gamma — el relámpago cósmico — siguió un largo estruendo de rayos X, como un trueno. Duró casi 10 minutos. Esta es la primera prueba directa de que después de tales explosiones queda una prolongada estela de rayos X. El origen son las colisiones de estrellas de neutrones o agujeros negros. Del impacto surge un relámpago instantáneo de rayos gamma, y luego el lugar de la catástrofe sigue emitiendo suaves rayos X durante mucho tiempo. Esta cola no solo revela detalles de la fusión: ayuda a localizar la fuente incluso cuando las ondas gravitacionales, el temblor del espacio, ya se han calmado. Pero la mayor sorpresa es la potencia. En esos mismos 10 minutos, este eco de rayos X emite tanta energía como la que irradian cientos de miles de millones de nuestros Soles simultáneamente.
🎯 En 10 minutos, esta señal de rayos X libera una energía equivalente al brillo de cientos de miles de millones de Soles.