Dentro de cada célula ocurren constantemente reacciones químicas, como en una diminuta cocina donde las proteínas, cual chefs, preparan las sustancias necesarias. Pero ver exactamente cómo el chef cocina el plato se ve obstaculizado por la multitud de otras moléculas alrededor. Los científicos han ideado una manera de asomarse al mismísimo centro de la acción: el potente ordenador clásico Fugaku se encarga de toda la "cocina" —los miles de átomos del entorno—, mientras que el ordenador cuántico Reimei se concentra solo en las "manos del chef", es decir, en la parte activa de la proteína donde ocurre la reacción.
Esta alianza entre dos máquinas diferentes ha permitido por primera vez calcular con precisión una reacción química en una proteína real, teniendo en cuenta su entorno. Antes, había que simplificar el entorno, perdiendo precisión, o esperar años de cálculos. Ahora, la parte cuántica aporta detalles finos, y la clásica, un rápido procesamiento de todo lo demás.
Este método abre el camino hacia el modelado preciso de reacciones biomoleculares complejas. En el futuro, podría permitir la búsqueda rápida de nuevos fármacos y comprender por qué algunas proteínas funcionan y otras se rompen.
El superordenador Fugaku realiza más de 400 mil billones de operaciones por segundo, lo que equivale a que cada persona en la Tierra realizara 50 millones de operaciones simultáneamente.