Los físicos construyeron una cadena de átomos de Rydberg: átomos con electrones en órbitas enormes, del tamaño de trayectorias planetarias. Estos átomos gigantes sienten fuertemente a sus vecinos, convirtiendo la cadena en un análogo cuántico de una cuerda. Con láseres, tensaron el sistema hasta un punto crítico, donde desaparecen todas las escalas, similar a cómo una cuerda de guitarra tensada está lista para emitir armónicos puros independientemente de su longitud.
Luego aplicaron espectroscopía con una sacudida suave: modularon ligeramente la luz y escucharon la respuesta resonante. Las energías de vibración obtenidas se alinearon en proporciones numéricas estrictas, exactamente como predice la teoría de campos conforme.
Sorpresa: las mismas proporciones gobiernan los horizontes de los agujeros negros, una conexión mostrada por Juan Maldacena, Edward Witten y Leonard Susskind. Las mediciones también vincularon directamente el espectro con la entropía de entrelazamiento, una medida de la complejidad cuántica. Este instrumento musical cuántico permitirá probar nuevos materiales y acelerará la llegada de las tecnologías cuánticas.
Los átomos de Rydberg son átomos donde el electrón orbita como un planeta alrededor de una estrella. Estos gigantes interactúan fuertemente a grandes distancias, lo que los hace ideales para simulaciones cuánticas.