La bacteria nada como un pequeño bote con hélice. Solo que su hélice es un flagelo largo que gira y empuja el cuerpo hacia adelante. Pero el cuerpo no avanza en línea recta: se balancea como un corcho en las olas. Ese balanceo no es casualidad, sino parte de la mecánica del movimiento.
Hasta ahora, estos balanceos se estudiaban en aguas tranquilas. ¿Y qué ocurre si el agua fluye? En la naturaleza, las bacterias casi siempre viven en líquidos en movimiento: en ríos, en el intestino, en tuberías. Los científicos colocaron a la Escherichia coli en una corriente y la filmaron con una cámara.
La causa resultó ser el "gancho" flexible: una pequeña pieza que conecta el cuerpo de la bacteria con su flagelo. Cuando el flujo empuja el cuerpo, el gancho se dobla y el flagelo comienza a tirar en ángulo. El cuerpo se balancea más, pero la velocidad disminuye: parte de la energía se va en el tambaleo, no en avanzar.
Este descubrimiento ayuda a entender cómo se propagan las bacterias en la naturaleza y en el organismo. Por ejemplo, en el intestino o en el suelo, donde siempre hay corriente de líquido. Ahora está claro: cuanto más fuerte es el flujo, peor avanza la bacteria contra la corriente, pero más activamente "zigzaguea" de lado a lado.
El flagelo de la Escherichia coli gira a velocidades de hasta 100 revoluciones por segundo, más rápido que el motor de un coche de carreras.