En el Gran Colisionador de Hadrones, los protones chocan entre sí como dos camiones cargados de confeti. Los fragmentos —decenas de nuevas partículas— salen despedidos en todas direcciones. El detector registra sus huellas, y entonces comienza el trabajo principal: reconstruir a partir de esas huellas la imagen completa de la colisión.
Antes, esta tarea recaía en un conjunto de reglas ideadas por los físicos. Cada tipo de partícula se procesaba por separado, según sus propias leyes. Funcionaba, pero era lento y no siempre preciso. Ahora, en lugar de un conjunto de reglas, hay una única red neuronal. Se ha entrenado con millones de colisiones simuladas y ha aprendido por sí misma a reconstruir la imagen completa.
La red neuronal trabaja en la tarjeta gráfica —la misma que dibuja los gráficos en los videojuegos—. Para una colisión, tarda 20 milisegundos. El método antiguo necesitaba 110 milisegundos. Y para los chorros —flujos de partículas que vuelan en una misma dirección—, la precisión en la medición de la energía ha mejorado entre un 10 y un 20 por ciento.
Este enfoque recuerda a un traductor que antes traducía palabra por palabra con un diccionario y ahora entiende la frase completa. Y gracias a ello, la imagen de la colisión se vuelve más nítida, como una fotografía tomada en un día despejado.
La red neuronal procesa una colisión en 20 milisegundos: más rápido de lo que tarda un ser humano en parpadear.