Se ha propuesto un método en el que un ordenador cuántico repara sus propios errores, como una colonia de hormigas sin líder. El esquema utiliza un autómata celular disipativo (reglas locales con disipación de energía) en dos dimensiones y un código que no requiere mediciones. Está demostrado: por debajo del umbral de ruido, los errores se suprimen exponencialmente, y la información puede almacenarse indefinidamente. Es un prototipo de ordenador cuántico universal autocorregible.
Las computadoras cuánticas han adquirido un mecanismo interno de autorreparación. El nuevo esquema bidimensional funciona como un tejido vivo: cada cúbit interactúa con sus vecinos según reglas locales, suprimiendo automáticamente el desorden aleatorio — la entropía. A diferencia de los métodos anteriores, no se requieren mediciones constantes, que a su vez generan errores.
Basta con construir una red de muchas de estas celdas basada en el modelo estándar de operaciones cuánticas — y los fallos comienzan a desaparecer cada vez más rápido a medida que el sistema crece. En una red infinitamente grande, la información cuántica puede almacenarse durante un tiempo arbitrariamente largo. En la práctica, esto significa que incluso los modestos chips bidimensionales, factibles de fabricar, pueden alcanzar la fiabilidad con la que soñaba Peter Shor.
Lo más sorprendente: el diseño no solo almacena, sino que también calcula — cualquier algoritmo cuántico. El ajuste del estado inicial desencadena cálculos protegidos contra fallos. La base de la autocorrección, creada por John Preskill y otros, finalmente ha pasado de la teoría al plano físico real. El futuro de las máquinas cuánticas resultó no estar en mundos fantásticos de múltiples dimensiones, sino aquí — en la realidad bidimensional común.
🎯 Una sola partícula de radiación cósmica puede corromper los datos en una computadora cuántica desprotegida; protegerse de este ruido omnipresente requiere trucos muy ingeniosos.