Un cristal de óxido de magnesio se parece a una formación de soldados: los átomos están alineados en filas ordenadas y un electrón corre entre ellos. Pero si el electrón se detiene, los átomos cercanos se desplazan ligeramente de sus posiciones, como si los vecinos de la fila giraran la cabeza. El electrón queda atrapado en un hueco formado por los átomos desplazados y ya no puede moverse libremente. Así nace el polarón, una partícula que arrastra consigo una nube de vibraciones de la red.
Durante mucho tiempo se pensó que el polarón se formaba casi instantáneamente, pero no había cálculos precisos. Los autores del nuevo trabajo han construido una teoría que sigue cada paso del proceso: cómo el electrón pierde energía, cómo se desplazan los átomos y cómo se forma el hueco en billonésimas de segundo. Resulta que el polarón en el óxido de magnesio se localiza en un tiempo del orden de cien femtosegundos, mil veces más rápido que un parpadeo.
Ahora los experimentalistas tienen señales claras: si después de un breve pulso láser se observa el cristal, se puede ver una huella característica: el electrón primero acelera y luego frena bruscamente cuando se pone su abrigo. Esto ayudará a crear materiales con movimiento de cargas controlable.
En el óxido de magnesio, un polarón puede ser diez veces más pesado que un electrón libre, como una persona que carga una mochila llena de piedras.