La mezcla de números con una parte 'imaginaria', conocida desde hace un siglo, resultó ser la clave que une el predecible mundo de las bolas de billar y el brumoso reino cuántico. Las nuevas matemáticas muestran que ambos son solo diferentes ajustes de un mismo regulador cósmico.
🎯 La ecuación de Hamilton–Jacobi, desarrollada en la década de 1830 para el billar y los planetas, ya era cuántica en su forma. Erwin Schrödinger decía que solo tuvo que «ver» ese parecido y dar a las magnitudes clásicas un carácter complejo: así surgió su famosa ecuación.