Un interruptor común hace clic, y la corriente fluye o no. Ahora existe un material que conmuta por sí mismo entre «conduce sin pérdidas» y «opone resistencia» bajo la acción de un imán. Ese sándwich es el que han construido los físicos: una fina película de plomo sobre un superconductor de bismuto, estroncio, calcio, cobre y oxígeno.
Entre las capas crece espontáneamente una capa finísima de óxido de plomo: un aislante. No estorba, sino que ayuda: en el interior del superconductor aparecen vórtices, pequeños «remolinos» magnéticos, como torbellinos en el agua. Estos torbellinos quedan atrapados en el aislante, y la película de plomo deja de ser superconductora. Si retiras el campo, los torbellinos permanecen en su sitio y el estado se conserva. Así se obtiene una celda de memoria: campo presente, uno; campo ausente, cero.
Los científicos también observaron otras rarezas: la resistencia caía o saltaba bruscamente al variar el campo, y el calentamiento devolvía el dispositivo a su estado superconductor original. Todo ello son huellas de cómo los vórtices interactúan a través de la frontera entre los dos superconductores.
Por ahora es una muestra de laboratorio, pero demuestra una forma sencilla de fabricar memoria energéticamente eficiente para los dispositivos cuánticos del futuro.
La resistencia no cambiaba de forma gradual, sino a saltos: como si alguien, dentro del material, moviera las «canicas» magnéticas de una en una.