El 1 de octubre de 2024, ocurrió en el Sol una llamarada de clase X7.1, una de las más potentes. Dos naves espaciales, HXI y STIX, la observaron desde ángulos distintos, como dos ojos, y junto con un modelo informático permitieron reconstruir la escena en tres dimensiones.
En plena llamarada, la emisión de rayos X parpadeó dos veces, y en cada ocasión aparecieron puntos brillantes en diferentes lugares de la superficie solar. Esto indicaba que los campos magnéticos se rompían y reconectaban no en un único punto, sino a lo largo de un largo límite curvo, como una grieta que se extiende por el hielo. El modelo mostró que ambos picos nacieron en la misma cinta magnética, solo que en partes distintas de ella.
La segunda nave, STIX, también observó una columna vertical de gas caliente que se elevaba desde la superficie. Su centro se desplazaba entre los dos picos, como si la energía fluyera a través de un conducto invisible. Este es un primer paso para entender cómo las llamaradas aceleran partículas hasta velocidades cercanas a la de la luz.
La energía de una sola llamarada de clase X equivale a miles de millones de bombas atómicas, pero el Sol la libera en cuestión de minutos.