Una llamarada solar es como una explosión en la atmósfera de una estrella: en minutos se libera una energía comparable a miles de millones de bombas nucleares. El 4 de mayo de 2022, el radiotelescopio RT-7.5 en Moscú observaba una llamarada de clase M5.7. El instrumento captaba ondas de radio milimétricas, aquellas más cortas que un centímetro e invisibles al ojo.
Tras el pulso principal de la llamarada, cuando el brillo ya comenzaba a disminuir, el telescopio detectó un nuevo aumento de la emisión a 93 GHz. En el mismo momento, los satélites observaron un incremento del resplandor ultravioleta de la corona, la atmósfera exterior del Sol. Esta coincidencia sugiere que las ondas milimétricas nacen en plasma calentado a aproximadamente un millón de grados.
Para entender cuánta materia emite, los científicos construyeron un "mapa de temperatura" del plasma a partir de los datos de los satélites SDO y GOES. Resultó que la corona caliente y tenue, esa que se ve durante los eclipses, es responsable de una quinta parte de la señal milimétrica. El resto probablemente proviene de capas más densas y frías.
Este panorama ayuda a comprender cómo la energía de la llamarada fluye desde los campos magnéticos hacia el calentamiento del plasma. Las ondas milimétricas atraviesan las capas densas donde la luz ordinaria queda atrapada, y así obtenemos una especie de "radiografía" de la atmósfera solar.
El radiotelescopio RT-7.5 es una antena de 7,5 metros de diámetro instalada en el techo del edificio académico de la Universidad Técnica Estatal Bauman en Moscú. Capta señales del Sol incluso en días nublados, porque las ondas de radio atraviesan las nubes.