Los marcadores radiactivos son como un mensajero con una baliza: lo introduces en el cuerpo y él ilumina el órgano deseado en la imagen. Pero ese mensajero tiene reglas estrictas: no se puede enviar con frecuencia, se 'cansa' rápido y cuesta caro. Los médicos llevan tiempo soñando con una forma de ver el órgano sin radiación.
El nuevo trabajo demuestra que se puede iluminar un órgano con rayos X comunes, y los átomos de yodo se encargan de responder a esa luz: emiten una radiación secundaria, como luciérnagas que responden a una linterna. La luz del yodo se capta con un detector y a partir de esos destellos se compone una imagen. En el experimento tomaron un modelo de plástico de la glándula tiroides, lo llenaron con una solución de yodo y obtuvieron una imagen con una nitidez cercana a la de la tomografía computarizada.
La esencia del método está en un truco con la luz. Los rayos X no se dirigen al órgano como un haz continuo, sino con un patrón de muchas manchas pequeñas, como si una linterna brillara a través de una plantilla perforada. La computadora conoce ese patrón y, según cómo responde el yodo desde diferentes puntos, reconstruye la imagen completa. Esta técnica se llama 'visualización fantasma': la imagen se ensambla a partir de las respuestas a patrones de luz conocidos de antemano.
La principal ventaja es la seguridad. Los marcadores radiactivos no se pueden administrar con frecuencia, pero la iluminación con rayos X se puede repetir. Esto abre el camino a chequeos regulares de la glándula tiroides en niños y embarazadas, para quienes los métodos radiactivos suelen estar contraindicados. También desaparece la dependencia de una logística compleja: ya no es necesario transportar isótopos de vida corta a hospitales remotos.
La glándula tiroides es el único órgano que acumula yodo activamente, por lo que se puede 'iluminar' incluso sin marcador radiactivo, simplemente administrando yodo común a la persona.