La galaxia enana de Sagitario, al perder masa por las mareas de la Vía Láctea, cruzó varias veces el disco galáctico, dejando perturbaciones: brazos espirales, ondulaciones (curvaturas) y la espiral de fase. En un nuevo estudio se modeló de forma unificada el impacto único de dicho satélite. Resultó que el último paso significativo (hace 700–1200 millones de años) explica a la vez la aparición de los brazos Exterior, Local y de Carina-Sagitario, y la ondulación a gran escala, pero la onda Lz–V_R y la espiral de fase no se reproducen por completo. Esto sugiere la necesidad de incluir otros factores, como la barra galáctica u otros satélites.
La galaxia enana de Sagitario se estrelló contra el disco de la Vía Láctea y lo atravesó repetidamente, como una piedra lanzada a un estanque tranquilo. Cada impacto dejaba ondulaciones: ondas y curvaturas en el campo estelar. Antaño, Sagitario estaba llena de masa invisible (materia oscura), pero las colisiones le arrancaron gas y estrellas, dejándola como un tenue rastro.
Los astrónomos simularon el último gran impacto, hace unos mil millones de años, para comprobar si pudo generar los brazos espirales, la curvatura del disco y las sutiles oscilaciones en las velocidades estelares. Las mediciones de movimientos mediante espectroscopía confirmaron que el impacto explica los brazos y la curvatura, pero los patrones ondulatorios más complejos no se reproducen por completo. Esto significa que nuestra Galaxia también recuerda otros empujones: de la densa barra central o de otras galaxias enanas satélite.
Lo más sorprendente: Sagitario casi ha desaparecido, pero su materia oscura probablemente sigue impregnando la Vía Láctea, influyendo invisiblemente en el movimiento de las estrellas. Así, reuniendo pistas cósmicas, los científicos reconstruyen el turbulento pasado de la Galaxia.
🎯 La galaxia enana de Sagitario aún es visible en el cielo como una tenue franja de estrellas, estirada por la gravedad de la Vía Láctea.