En las oscuras y frías nubes donde apenas comienzan a formarse las estrellas, los granos de polvo se visten con abrigos de hielo. Ese hielo no es solo agua congelada: contiene dióxido de carbono, metanol, amoníaco y otras moléculas disueltas. Los astrónomos apuntaron el telescopio espacial James Webb hacia cuatro de estas estrellas bebé y descompusieron su luz en un espectro, como un arcoíris, para conocer la composición del hielo. Descubrieron que en las envolturas heladas se esconden no solo moléculas simples, sino también más complejas, como el alcohol etílico y sustancias parecidas a los bloques de construcción de los aminoácidos.
Los científicos compararon los espectros obtenidos con los resultados de experimentos de laboratorio, donde se crearon hielos similares en cámaras de vacío a temperaturas muy bajas. Resultó que las moléculas complejas pueden ensamblarse a partir de las simples directamente en el hielo, cuando recibe radiación. Pero no todas las líneas de los espectros pudieron atribuirse con precisión a sustancias concretas: algunas bandas se superponen y se necesitan datos adicionales. Es como si, en un coro de muchas voces, intentaras distinguir a un cantante individual: a veces su voz se mezcla con las demás.
Estas investigaciones ayudan a entender de dónde provienen las moléculas orgánicas en el espacio. Quizás las envolturas heladas de los granos de polvo fueron el primer laboratorio químico donde se prepararon las sustancias que luego llegaron a los planetas jóvenes.
En las envolturas heladas alrededor de estrellas jóvenes se encontró alcohol etílico, la misma sustancia que forma parte de las bebidas alcohólicas.
En la novela de Carl Sagan 'Contacto', una señal del espacio contiene información compleja; aquí, la propia química del hielo podría llevar un mensaje sobre la vida futura.