El cristal CeRh₂As₂ se comporta como un interruptor: enfríalo y se vuelve superconductor, luego acércale un imán y salta a otro estado superconductor. Este comportamiento es raro: la mayoría de los superconductores tienen un solo estado, pero aquí hay dos, separados por una frontera abrupta.
Para entenderlo, los investigadores hicieron pasar ondas de ultrasonido a través del cristal a bajas temperaturas, en campos magnéticos intensos y bajo alta presión. La velocidad y la atenuación del sonido cambian cuando algo se reordena dentro del material. Resultó que en ambos estados superconductores el orden se describe con una sola magnitud, como si el interruptor tuviera un solo botón, no dos. Esto confirma que la causa está en la ruptura local de simetría del cristal: los átomos de cerio y rodio están dispuestos de tal manera que los electrones no tienen las mismas condiciones en todas las direcciones, y esto genera dos estados superconductores diferentes.
Además, el análisis de las anomalías elásticas indicó la presencia de una estructura magnética inconmensurada (su período no coincide con el de la red cristalina) que coexiste con la superconductividad. Es como si dentro del cristal vivieran dos órdenes distintos sin estorbarse.
Estos materiales son importantes no solo para entender la física fundamental, sino también para futuras tecnologías: los superconductores con estados conmutables podrían ser la base de nuevos tipos de electrónica donde la información se almacene y procese sin pérdidas de energía.
La superconductividad se descubrió hace más de cien años, enfriando mercurio a la temperatura del helio líquido, unos -269°C. Hoy los superconductores funcionan en los imanes de resonancia magnética y en aceleradores de partículas.
En la novela de Arthur C. Clarke 'El fin de la infancia', los superconductores permiten construir ascensores espaciales, transmitiendo energía sin pérdidas. Los superconductores multifásicos, como CeRh₂As₂, podrían añadir nuevos grados de libertad a estos dispositivos.