Una transición de fase continua donde el parámetro de orden cambia suavemente hasta cero.Una transición de fase de segundo orden es una transición continua entre fases de la materia donde el parámetro de orden—una cantidad que distingue las fases—tiende a cero suavemente en el punto crítico. A diferencia de las transiciones de primer orden (como el agua hirviendo), no hay calor latente ni coexistencia de fases. En cambio, las fluctuaciones del parámetro de orden se vuelven grandes y correlacionadas a largas distancias, dando lugar a un comportamiento universal cerca del punto crítico. Ejemplos incluyen la transición ferromagnética (donde la magnetización desaparece) y la transición superconductora en campo magnético nulo.
La teoría moderna de las transiciones de fase de segundo orden se desarrolló en las décadas de 1960 y 1970, con contribuciones clave de Lev Landau (teoría de Landau), Kenneth Wilson (grupo de renormalización) y Leo Kadanoff (ideas de escalado). El trabajo de Wilson le valió el Premio Nobel de Física en 1982.
A medida que el sistema se acerca a la temperatura crítica, el paisaje de energía libre se aplana, de modo que el parámetro de orden puede fluctuar fuertemente. Estas fluctuaciones tienen una escala de longitud característica (longitud de correlación) que diverge en el punto crítico. Esta divergencia conduce a la invariancia de escala: el sistema se ve igual en todas las escalas de longitud, razón por la cual los exponentes críticos son universales en sistemas muy diferentes. La transición está impulsada por la competencia entre la energía (que favorece el orden) y la entropía (que favorece el desorden).
Las transiciones de segundo orden se aprovechan en el almacenamiento magnético (donde la temperatura de transición determina la estabilidad de los datos), en imanes superconductores y en la comprensión de fenómenos críticos en diversos campos, desde la cosmología hasta la biología.
Cerca de una transición de fase de segundo orden, el sistema se vuelve tan sensible que su respuesta a campos externos (como la susceptibilidad magnética) puede divergir hasta el infinito, un fenómeno llamado opalescencia crítica en fluidos.









