En un fino sándwich de arseniuro de galio, los electrones no se comportan como bolitas individuales, sino como un único líquido cuántico. Si la capa se hace de solo 70 nanómetros de espesor, este líquido se separa en dos flujos casi independientes, como el aceite sobre el agua. En tales condiciones, bajo un campo magnético intenso, nace un estado con efecto Hall cuántico fraccionario a factor de llenado 1/2.
El contacto puntual cuántico, un puente estrecho grabado en el semiconductor, funciona como un torniquete: deja pasar las cuasipartículas de una en una. Midiendo el ruido de disparo (fluctuaciones aleatorias de la corriente, como el crepitar de las palomitas en el microondas), los científicos determinaron la carga de los portadores. Resultó ser e/4, un cuarto de la carga del electrón. Es como cortar una moneda en cuatro partes y descubrir que cada parte sigue sonando como una moneda entera.
El resultado es importante no solo en sí mismo. Las cuasipartículas con carga e/4 podrían obedecer una estadística inusual: al intercambiar sus posiciones, su función de onda cambia de manera distinta a la de las partículas ordinarias. Si esto se confirma, estos sistemas podrían usarse para proteger la información cuántica de las perturbaciones, como una caja fuerte que sabe cuándo han intentado abrirla.
La carga e/4 es como si de un billete cortaras una cuarta parte y cada cuarto siguiera funcionando como un billete completo.