El sistema de Saturno hace 300 millones de años parecía una pista de baile abarrotada. El satélite más masivo, Titán, comenzó a desplazarse, y ese movimiento desequilibró a sus vecinos. Una de las lunas se estrelló contra Titán; los escombros giraron como un torbellino, uniéndose para formar Hiperión. Las perturbaciones gravitacionales del choque se propagaron hacia el interior, y las lunas interiores se desmenuzaron en hielo y polvo: así se tejieron los anillos.
Un paso inesperado en este baile: la órbita de Jápeto se inclinó por la influencia de esa misma luna incluso antes de su destrucción. Las simulaciones por computadora confirmaron que esta cadena de eventos explica tanto la juventud de los anillos como las rarezas de los satélites.
La masa de los anillos no supera la de un bloque de hielo del tamaño de Mimas (400 km): un modesto resultado de una colisión grandiosa.
La masa total de todos los anillos de Saturno equivale aproximadamente a la de un satélite helado de unos 400 km de diámetro, como Mimas.