Las pérdidas inexplicables de haz en el Gran Colisionador de Hadrones (LHC) — los llamados UFO — pueden surgir no solo de motas de polvo, sino también de grumos macroscópicos de materia oscura: las 'pepitas' de quarks de axiones (AQN). Si una de estas pepitas de antimateria pasa a menos de 100 km del LHC, genera potentes ondas acústicas que provocan picos sincronizados de pérdidas. Detectar tres eventos correlacionados en 2 segundos permitiría registrar de forma fiable las AQN en unas 360 horas de observación, convirtiendo el colisionador en un enorme detector acústico de materia oscura.
En el corazón de los Alpes se esconde el Gran Colisionador de Hadrones. De vez en cuando sus detectores registran picos repentinos: los científicos los llaman UFO (objetos no identificados en caída). Según una teoría, no son fallos del equipo, sino rastros de materia oscura. El asunto es que la materia oscura, que mantiene unidas a las galaxias, podría consistir en diminutos grumos de antimateria, del tamaño de una mota de polvo pero con la masa de un clip.
Cuando ese grumo atraviesa las rocas terrestres, genera una potente onda sonora. A cien kilómetros del LHC, eso basta para sacudir momentáneamente el haz de protones... y nace un UFO. Si en dos segundos se captan tres de esas señales desde distintos lados del anillo, se podrá afirmar con seguridad: la materia oscura «ha llamado a la puerta». Y de paso, explicar por qué después del Big Bang quedó materia y la antimateria desapareció.
🎯 La energía del pulso sonoro de ese grumo es comparable al impacto de un gran meteorito, pero solo el anillo de 27 km del LHC, convertido en un sismógrafo gigante, es capaz de oírlo.