10 de octubre de 2024. El Sol lanzó hacia la Tierra una nube de plasma magnetizado, y cuatro naves espaciales situadas en un mismo punto entre el Sol y la Tierra registraron a la vez cómo bullía esa nube. La distancia entre las sondas extremas es de solo 80 radios terrestres, unos 500 000 kilómetros. En escalas cósmicas, es como tener cuatro boyas en un mismo puerto.
Pero los registros de las boyas resultaron diferentes. La turbulencia —los remolinos caóticos del campo magnético dentro de la nube— no era igual ni siquiera en un área tan pequeña. En un lugar ya se había calmado; en otro, aún hervía. Dentro de la nube se encontraron zonas donde la energía fluye de los remolinos grandes a los pequeños de manera distinta: a lo largo de las líneas magnéticas, a un ritmo; a través, a otro. Y donde la nube chocaba con la corriente del viento solar normal, la turbulencia se intensificaba bruscamente, como el agua de un río que borbotea contra el pilar de un puente.
Lo más interesante apareció en la zona de interacción dentro de la propia nube. Allí donde los haces magnéticos se rozan entre sí, la turbulencia se volvió compresible: el plasma se condensaba y enrarecía, como el aire en una onda sonora. Es una señal directa de reconexión de líneas magnéticas, el proceso que rompe y vuelve a pegar las líneas de fuerza, liberando energía. Precisamente estos procesos dentro de la eyección pueden determinar la intensidad de la tormenta magnética en la Tierra.
La conclusión práctica es simple: un solo satélite en L1 no ve el panorama completo. Para pronosticar el clima espacial de forma fiable se necesita una cadena de sensores distribuidos al menos a lo largo de medio millón de kilómetros. Cuatro boyas en el puerto mostraron que incluso en un mismo puerto el oleaje es distinto.
tal como lo escribieron los autores, en inglés arXiv:2602.13644
Understanding turbulence in interplanetary coronal mass ejections (ICMEs) is fundamental to space plasma research and critical for assessing the impact of space weather on geospace. Turbulence governs energy cascade, plasma heating, magnetic reconnection, and solar wind magnetosphere coupling, thereby influencing both ICME evolution and geoeffectiveness. While previous event based and statistical studies have examined ICME turbulence and its radial evolution in great detail, no significant measurements of ICME magnetic turbulence at a single vantage point have been obtained from multiple observatories separated azimuthally. Here, we present the first multipoint analysis of magnetohydrodynamic (MHD) turbulence across ICME plasma regions, using four spacecraft at the Sun-Earth L1 point, separated by 80 RE (mesoscale) along the dawn-dusk direction. Using high-resolution magnetic field observations from ISRO's Aditya L1, NASA's Wind and ACE, and NOAA's DSCOVR, we analyze turbulence associated with the October 10, 2024, solar storm, which triggered the second strongest geomagnetic storm of solar cycle 25. Our results reveal significant variability and differing turbulence maturity across small separations, supported by analysis of field-aligned and perpendicular magnetic-field cascades, indicating strong anisotropies. Sheath turbulence is substantially modified by shock induced energy injection. Evidence of compressible turbulence and plasma energization at the flux rope interaction region indicates that internal processes, such as magnetic reconnection, strongly influence ICME plasma evolution, highlighting pronounced spatial variability in turbulence and plasma states observed by multiple L1 monitors near Earth and underscoring their potential role in space weather impacts.
El punto de Lagrange L1 está a 1,5 millones de kilómetros de la Tierra, cuatro veces más lejos que la Luna. Pero para observar el viento solar es una 'primera línea': desde allí, el plasma tarda unas dos horas en llegar a la Tierra.