Un grano de polvo en el espacio interestelar es como una brújula diminuta. En su interior hay inclusiones de un mineral magnético que hacen que el grano gire a lo largo de las invisibles líneas de fuerza del campo magnético. De lo bien que se alineen los granos depende cómo polarizan la luz de estrellas lejanas y qué radiación emiten.
Durante mucho tiempo se consideró que estas inclusiones magnéticas eran todas del mismo tamaño, como granos de arena tamizados por un mismo cedazo. Pero en la naturaleza no es así. Los autores del nuevo trabajo permitieron que las partículas fueran de distintos tamaños, desde muy pequeñas hasta grandes, y observaron qué cambiaba. Resultó que la respuesta magnética del grano deja de caer bruscamente cuando la rotación es lenta, como ocurría en el modelo antiguo. En su lugar, se mantiene casi en un mismo nivel: las partículas pequeñas responden a las oscilaciones rápidas, las grandes a las lentas, y juntas cubren todo el rango.
Esta respuesta uniforme significa que los granos de polvo se alinearán con el campo magnético igual de bien tanto en nubes frías y densas como en regiones calientes y enrarecidas. Esto cambia los cálculos de la polarización de la luz y de la emisión magnética del polvo en toda la galaxia.
El grano-brújula ahora apunta con más precisión: su aguja no tiembla, sino que sigue suavemente el campo magnético, sea cual sea el ritmo de rotación.
Las inclusiones magnéticas en el polvo cósmico pueden tener un tamaño de solo unos pocos átomos de ancho, como si dentro de un grano de arena hubiera una nanobrújula.