Se ha resuelto analíticamente la dinámica de dos interferómetros de Stern-Gerlach: cada uno usa un cúbit para crear y recombinar un estado no gaussiano (no clásico) de la materia. Resulta que la fase de entrelazamiento gravitacional entre los cúbits no depende de la masa, ni en sistemas ideales ni abiertos, independientemente de la temperatura y la compresión. Sorprendentemente, la propia interacción impide la recombinación exacta del centro de masas, y este efecto limita el rango de masas al régimen mesoscópico. Incluir ruido realista (difusión y desfase) con estados comprimidos térmicos endurece los límites. Como posible implementación se proponen masas diamagnéticas levitantes con centros NV.
Pelotas pesadas sobre una cama elástica hunden la tela y sus hendiduras entrelazan los caminos. Así funciona la gravedad: dos partículas masivas curvan el espacio y sienten la influencia mutua. Los científicos construyeron un montaje donde las partículas, guiadas por señales cuánticas, van por dos caminos a la vez. Al encontrarse, no solo chocan: su interacción gravitacional entrelaza sus estados cuánticos, convirtiéndolas en un todo único, incluso si están muy separadas. Sorprendentemente, la fuerza de este vínculo no depende de la masa. Una mota de polvo, una migaja de virus: el efecto es el mismo. Esto contradice la regla habitual de «cuanto más pesado, más fuerte es la atracción», pero aquí actúa un equilibrio entre fuerzas cuánticas y gravitacionales.
Debido a la atracción mutua, los caminos nunca convergen perfectamente, pero esta imprecisión define los límites de las masas adecuadas: las partículas ligeras no se notarán entre sí, y las pesadas destruirán el efecto cuántico. Las interferencias reales (vibración térmica, dispersión) solo afinan el corredor. Una realización concreta son las motas de polvo de diamante que flotan en un campo magnético. El diamante es carbono, y sus defectos de vacancia actúan como impulsores cuánticos.
🎯 Los objetos cuánticos nunca se quedan quietos: incluso en el vacío absoluto y a temperatura cero, siempre vibran un poco. Este temblor es un límite fundamental para la precisión de los instrumentos.