Una galaxia lejana, similar a nuestra Vía Láctea, expulsa gas al espacio, como un secador de pelo que sopla el polvo de una mesa. Siete rayos de luz de un objeto aún más distante atravesaron esta nube de gas, y los astrónomos vieron que el flujo de gas es estrecho, como un chorro de manguera, y no ancho, como un abanico.
La velocidad del gas alcanza los 239 kilómetros por segundo, lo que es 200 veces más rápido que un avión de pasajeros. Pero ni siquiera esa rapidez es suficiente para escapar del abrazo gravitacional de la galaxia. El gas, muy probablemente, se desacelerará y caerá de vuelta, como una pelota lanzada hacia arriba.
El descubrimiento se logró gracias a una feliz casualidad: la galaxia lejana en primer plano curvó la luz de un objeto aún más distante, creando una lente cósmica. Siete imágenes de ese objeto se alinearon, y cada una iluminó la nube de gas en un punto diferente. Así, los astrónomos midieron por primera vez el flujo de gas tanto a lo largo como a lo ancho.
El gas que expulsa la galaxia podría regresar, como un bumerán. Los astrónomos descubrieron que la velocidad del flujo no es suficiente para superar la atracción de la galaxia, por lo que la materia probablemente caerá de nuevo y se convertirá nuevamente en material para estrellas.